domingo, 23 de octubre de 2011


Corría por el Paseo de Francia bajo esa lluvia tan típica de Donostia, el xirimiri. Pretendía llegar a tiempo al Kursaal, y que los semáforos fueran a estar de su lado. El viento le pegaba en la cara y le impedía poder ir más rápido. Los perros, los ancianos, los carritos y los paraguas hacían de obstáculo. El termómetro marcaba 12 grados que parecían 30 por la velocidad. Eran ya las 17 horas. No lo iba a esperar. Corría como si la vida le fuera en ello, ya que no podía perder esta oportunidad.
Llegó al final del Paseo de la Zurriola, a la esquina del Kursaal. De repente, el viento, la lluvia y su corazón se pararon. Allí no había nadie, quizás nunca llegó a asistir a su cita. Nunca llegó a saberlo.
Dio media vuelta, y rehizo su camino en dirección contraria, desde el mar hacia los desnudos y melancólicos árboles. En soledad, en silencio, gris.


No hay comentarios: