sábado, 29 de octubre de 2011

Su silencio

A él le encanta hablar. De todo y de nada. No importa cuál sea el tema en cuestión que siempre querrá expresar su opinión. Las palabras, a veces, le salen de la boca como sin querer, sin previo aviso, de repente; y es esto por lo que, también a veces, no dice más que tonterías. Cuando se da cuenta de lo que ha dicho, ya es demasiado tarde, e intenta arreglarlo; aunque no siempre funcione. No se rinde, mas sabe perfectamente cuándo debe parar.

No es un experto en lingüística o en filología, nunca ha pretendido serlo. Es lo que es, uno más. Compañero, amigo, hermano, confidente. Ríe, siempre ríe, y pocas veces se enfada. Se toma la vida con humor, pues al fin y al cabo, no es más que un chiste, un juego que alguien o algo superiror a nosotros maneja a su antojo. Y él, por supuesto, lo intuye. Camina despreocupadamente, no le gusta llegar tarde, pero sabe que si lo hace el mundo no se acabará ahí. Tararea canciones en su mente, la mayoría en inglés, aunque probablemente no entienda mucho de lo que éstas dicen. Ahora comprendo por qué las tararea y no las canta.

Es un poco cabezota, no le gusta que lo ayuden a no ser que realmente lo necesite, y por encima de todo, odia pedir ayuda. Podría ser por orgullo, pero más que eso, es por el simple hecho de valerse por sí mismo, de buscarse la vida, de conseguir su objetivo y poder disfrutarlo él solo; como cuando te dan un enorme bollo de crema y no tienes por qué compartirlo.

Para algunos puede que sea un simplón, un tonto, un fanfarrón o incluso un poco estúpido. Nada del otro mundo. Un chico del montón.

Para mí, es mucho más que eso. Aunque no roce la perfección, es mi mundo. Pese a todos los sinsentidos que suelta, pese a todos los errores que comete al hablar, cuando calla el tiempo se para. Su silencio me abruma, me gana. Me doy por vencida y llego a pertencerle. Me mira con sus ojos, fijamente, y una vez más, con sus ojos risueños y firmes, con su media o amplia sonrisa, con su silencio, me dice todas esas cosas que, por mucho que le guste hablar, nunca se atreve a decirme.

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