Año tras año las calles cambian, los recuerdos cambian, la vida cambia y las personas cambian. La sociedad, en cambio, se mantiene intacta, como si de magia se tratara. Pero que no les engañen, no somos más que marionetas que mueven a su antojo. Suben un hilo y subimos un brazo. Lo mueven hacia atrás y luego hacia adelante, y le pegamos una cheta al prójimo. “Sin querer”. Ya ven, así de sencillo.
He de ser sincera y admitir que el 2011 ha sido un gran año, no voy a dar muchos detalles porque algunas personas ya sabrán a lo que me refiero. He madurado un poco, según mi madre me he hecho mujer. Y a mí me entra la risa. ¿Cómo sabes cuándo te conviertes en adulto? ¿Es la mayoría de edad un paso hacia ello? ¿Lo es algún acontecimiento importante en la vida? Quién sabe. Algunos pueden hacerse adultos con cinco años, y otros muchos pueden morir siendo niños de ochenta. Otros, por el contrario, se hacen adultos cuando pueden votar. Vaya por Dios, al final ese concepto de “adulto” no es más que un invento para hacer sentir inservibles a los niños, y viejos a los no tan viejos.
Ya me estoy yendo por las ramas.
El caso es que en este 2011 la sociedad podría haber sufrido una revolución gracias a movimientos como el 15M, pero no proseguimos hacia adelante, nos estancamos por simple comodidad, por miedo, por angustia. No sabemos qué sucederá en el futuro, y preferimos mantenernos arropados y calentitos bajo una deliciosa manta llamada bipartidismo, llamada dictadura, llamada democracia o llamada como al mandamás le dé la gana. Mmmm qué a gustito se está.
Esto es, por desgracia, consecuencia del conformismo (Sí, con algo de mi querido libro “El animal social” me he tenido que quedar, ¡viva la psicología social!).
Aún y todo, debemos darnos cuenta de que la vida nos ofrece cosas maravillosas: un día en la playa, un beso de la persona a la que amas, la sonrisa de un niño, un lugar paradisíaco al que jamás volverás, el mejor concierto que podrías imaginar, un sueño que se convierte en la meta de nuestro sino. Y el 2011, como cualquier otro año, nos ha traído algo de esto a todos nosotros. Simplemente deberíamos conformarnos con esto, ya que la base de la felicidad se encuentra en estas pequeñas cosas.
Ya lo dije hace tiempo, mi (ex) sueldo y mi status de estudiante no me permiten brindar con champagne, pero ahora que soy mayor de edad no tengo por qué mentir diciendo que bebo esa porquería del Carrefour que no tiene alcohol. C’est la vie! Los años pasan y nosotros nos mantenemos a su vera. En el tiempo y en el espacio todo gira y todo se para. Al son de una melodía que solo los más atentos pueden escuchar. Todo podría ser una mentira, fruto de nuestra imaginación, un teatro que nos creemos hasta convertir en nuestra realidad. Pero si es así, es una mentira exquisita que quiero saborear hasta el fin de mis falsos días.
No, no sabemos qué nos depara el futuro ¿Y qué? Nunca lo hemos sabido, pero si hemos llegado hasta aquí es que podremos llegar hasta allá. Por todo ello, brindo porque la gente confíe más en las buenas acciones, en sí misma y menos en la perfección que intentan imponernos los de arriba. Brindo porque todas las lágrimas que hemos derramado en 2011 se conviertan en 2012 en carcajadas que soltamos hasta que nos duele la tripa. Brindo por ustedes, y qué coño, brindo también por mí misma, que también me lo merezco. Disfruten de cada segundo. Nos veremos en el infierno el 21 de diciembre de 2012. :) ¡Hasta pronto!