sábado, 31 de diciembre de 2011

Se acaba el 2011

Año tras año las calles cambian, los recuerdos cambian, la vida cambia y las personas cambian. La sociedad, en cambio, se mantiene intacta, como si de magia se tratara. Pero que no les engañen, no somos más que marionetas que mueven a su antojo. Suben un hilo y subimos un brazo. Lo mueven hacia atrás y luego hacia adelante, y le pegamos una cheta al prójimo. “Sin querer”. Ya ven, así de sencillo.

He de ser sincera y admitir que el 2011 ha sido un gran año, no voy a dar muchos detalles porque algunas personas ya sabrán a lo que me refiero. He madurado un poco, según mi madre me he hecho mujer. Y a mí me entra la risa. ¿Cómo sabes cuándo te conviertes en adulto? ¿Es la mayoría de edad un paso hacia ello? ¿Lo es algún acontecimiento importante en la vida? Quién sabe. Algunos pueden hacerse adultos con cinco años, y otros muchos pueden morir siendo niños de ochenta. Otros, por el contrario, se hacen adultos cuando pueden votar. Vaya por Dios, al final ese concepto de “adulto” no es más que un invento para hacer sentir inservibles a los niños, y viejos a los no tan viejos.

Ya me estoy yendo por las ramas.

El caso es que en este 2011 la sociedad podría haber sufrido una revolución gracias a movimientos como el 15M, pero no proseguimos hacia adelante, nos estancamos por simple comodidad, por miedo, por angustia. No sabemos qué sucederá en el futuro, y preferimos mantenernos arropados y calentitos bajo una deliciosa manta llamada bipartidismo, llamada dictadura, llamada democracia o llamada como al mandamás le dé la gana. Mmmm qué a gustito se está.

Esto es, por desgracia, consecuencia del conformismo (Sí, con algo de mi querido libro “El animal social” me he tenido que quedar, ¡viva la psicología social!).

Aún y todo, debemos darnos cuenta de que la vida nos ofrece cosas maravillosas: un día en la playa, un beso de la persona a la que amas, la sonrisa de un niño, un lugar paradisíaco al que jamás volverás, el mejor concierto que podrías imaginar, un sueño que se convierte en la meta de nuestro sino. Y el 2011, como cualquier otro año, nos ha traído algo de esto a todos nosotros. Simplemente deberíamos conformarnos con esto, ya que la base de la felicidad se encuentra en estas pequeñas cosas.

Ya lo dije hace tiempo, mi (ex) sueldo y mi status de estudiante no me permiten brindar con champagne, pero ahora que soy mayor de edad no tengo por qué mentir diciendo que bebo esa porquería del Carrefour que no tiene alcohol. C’est la vie! Los años pasan y nosotros nos mantenemos a su vera. En el tiempo y en el espacio todo gira y todo se para. Al son de una melodía que solo los más atentos pueden escuchar. Todo podría ser una mentira, fruto de nuestra imaginación, un teatro que nos creemos hasta convertir en nuestra realidad. Pero si es así, es una mentira exquisita que quiero saborear hasta el fin de mis falsos días.

No, no sabemos qué nos depara el futuro ¿Y qué? Nunca lo hemos sabido, pero si hemos llegado hasta aquí es que podremos llegar hasta allá. Por todo ello, brindo porque la gente confíe más en las buenas acciones, en sí misma y menos en la perfección que intentan imponernos los de arriba. Brindo porque todas las lágrimas que hemos derramado en 2011 se conviertan en 2012 en carcajadas que soltamos hasta que nos duele la tripa. Brindo por ustedes, y qué coño, brindo también por mí misma, que también me lo merezco. Disfruten de cada segundo. Nos veremos en el infierno el 21 de diciembre de 2012. :) ¡Hasta pronto!

lunes, 26 de diciembre de 2011

Optimismo


Los rayos del sol iluminan mi rostro. Qué alegría, que calorcito. Esto es vida. Tengo que entrecerrar los ojos para no tener que tropezar con nadie y ver algo. Podría ponerme gafas de sol, pero alguien que yo conozco me diría que estando en invierno no debo llevarlas, que no soy una celebrity. Sigo andando por la calle con una sonrisa enorme, de esas que les salen a los niños cuando les dan un paquete enorme de gominolas, de esas que les salen a los ancianos al revivir un bello y lejano recuerdo.

No tengo nada ni nadie esperándome al final del camino, y tampoco me importa. Andar por andar, ésa es la cuestión. En mi mente suena Ella de Bebe, me llena de optimismo. Doy los buenos días a desconocidos, salto y bailo al son de la música, como en las peores películas americanas, esas pasteladas que, no me explico cómo, acaban siendo exitazos.

Me dirijo a la playa como si fuera verano, caminando armoniosamente, con magia en todo el cuerpo, con ese entusiasmo tan típico de los días soleados. Me quiero a mí misma como nunca, a veces una se lo merece.

El sol se refleja en el mar, es una pena que no haya nadie bañándose. Me descalzo y bajo. Mis pies sienten la arena congelada y se estremecen. En el fondo les gusta. Hay un montón de perros corriendo por la orilla, qué felices son. Yo también me acerco, soy un animal, al fin y al cabo. Las olas vienen y yo me alejo, pero en un momento, tan torpe como siempre, tropiezo, caigo y me empapo. Podría enfadarme o comenzar a llorar. Pero río, simplemente río con un sonido estúpido y mi cara más estúpida aún.

Río demasiado alto, sinceramente, creo que estoy un poco loca. Pero no puedo parar. Mientras rio canto, hoy vas a ser la mujer que te dé la gana de ser. Me rebozo por la arena mojada, y me convierto en croqueta, igual que hacía cuando era pequeña. La felicidad se encuentra en detalles tan pequeños, me cuesta darme cuenta de que más de una vez está al alcance de mi mano.

Las pocas personas que hay cerca me miran raro, pero qué me importa, no pueden sentir lo que siento yo. Esa libertad, ese espíritu de superar lo inalcanzable. Hoy me voy a comer el mundo, y mañana, por supuesto, también. Por muchos obstáculos que se me presenten en mitad de la carretera, yo seguiré adelante, ya que la máxima motivación de la vida, es vivir. Soy yo misma quien construye el camino, y no el camino quien me construye a mí. Decido levantarme, limpiarme y seguir adelante, siempre. Sin mirar atrás. Mi pasado vivirá en mi memoria día tras día, pero seré yo quien decida cómo usarlo para inventar mi futuro. Aún queda esperanza.



domingo, 25 de diciembre de 2011

¿NAVIDAD?


He de empezar este pequeño fragmento de lo que sea simplemente comentando que para mí la Navidad no es una época especial, no siento mayor ilusión en estas fechas. Recuerdo cuando era pequeña y me parecía el mejor momento del año, la Bratz que tanto deseaba, que mis padres me dieran permiso para comer todo el foie que quisiera pese a mi incipiente barriga, acostarme tarde. Pero ahora esa sensación no es la misma.

Podría decir que estos días me parecen una excusa de los ricos y los capitalistas para gastar aún más dinero de lo normal, de las empresas para poder subir los precios hasta hacerlos inalcanzables, de los de clase media para parecer de clase alta. Los más pobres, en cambio, no tienen excusa, y aquellos que pueden permitirse comprar regalos, no van más allá de la humildad y de la austeridad. Pero esto simplemente es un punto más en mi falta de entusiasmo.

Cuando creía en el Olentzero (ese carbonero regordete que solo trae regalos a los suertudos de Euskal Herria) y en los Reyes Magos, era feliz. Esa inocencia infantil me llevaba a creer en la magia, como al resto. La noche anterior dejaba membrillo, chorizo, queso y vino en la mesa de la sala para que, cuando llegasen mis amiguitos, pudieran saciarse. Pero claro, así estaba mi padre como estaba. Me encantaba soñar con que me despertaba por la mañana y pillaba a alguno de ellos dejando los regalos al lado del árbol, y que me hacía prometer que no diría nada a nadie, que sería nuestro secreto.

Pero cuántas lágrimas derramé la tarde en la que vi un documental sobre la Navidad, empecé a hacer preguntas insaciables y mi amatxo tuvo que contarme la verdad. Qué bajón. Me sentí estúpida y engañada. Puede que lo fuera.

No me estoy quejando del pasado, repito que era más feliz que nadie. Pero esa fe ciega de lo imposible fue apagándose poco a poco, por mucha pena que me dé admitirlo. Y ahora me da rabia que la gente sea capaz de malgastar tanto dinero mientras algunos mueren de hambre a miles de kilómetros o a unos pocos metros de distancia, qué más da.

Me conformo con ver el espíritu inconformista de los niños, esas sonrisas de alegría por lo que los padres lo darían todo. La ilusión al abrir los regalos y ver que ese envoltorio brillante tiene dentro el mejor juguete del mundo… Y como la vida sigue su curso, y nosotros seguimos adelante con ella, quiero acabar este lo que sea diciendo que ahora soy feliz manteniendo una simple conversación con mi familia, a quien quiero muchísimo. Pues no hay mejor regalo que querer y ser querido. Por ello, feliz no Navidad a todos y a cada uno de ellos que se lo merecen. Sed felices todos los días, no sólo hoy, que, al fin y al cabo, este día no tendría que ser una excusa para mostrar amor, deberíamos mostrarlo todos los días, ¿No?


jueves, 22 de diciembre de 2011

El Sol

El sol está sentado en mitad del universo, peleando día tras día por conseguir la estabilidad entre esos planetas que se mueven elípticamente a su alrededor. Pero siempre se centra en ese planetita azul rodeado de cosas blancas llamadas nubes. Mira, observa y descubre. No puede controlar el deseo de los seres humanos. No solo el deseo de moverse, de callarse cosas que deberían ser escuchadas y de no callarse cosas inadecuadas, sino el deseo de descubrir cosas, de aprender, de renovarse, de investigar. De crecer, al fin y al cabo.

Pero los seres humanos, esas hormiguitas que trabajan por y para su reina (sea cual sea) no se conforman con el misterio, ni con la magia que tiene el no saber. No aguantan en la incertidumbre, tienen ambición y el Sol lo sabe, pero no entiende cómo no prefieren vivir en la ignorancia, como los niños, creyendo en Santa Claus, comiendo golosinas y pegando los mocos debajo del sofá (acto que muestra que más tarde no son ellos quienes lo limpian). Con lo fácil que sería sonreír y saludar.

Sabe que la felicidad está al alcance de muy pocos, más bien de aquellos que saben sacrificar sus conocimientos, separar la vida real de aquella utopía que sueñan en sus mentes, la perfección. Para el Sol no sería tan difícil hacerlo, después de llevar tanto tiempo intentando pensar como ellos, se cree capaz de mejorar sus errores, él no tropezaría dos veces con la misma piedra. Él estaría contento con tocar el agua, tumbarse en un prado o acariciar la mejilla de un ser amado.

Está ahí, inmóvil, queriendo ayudarles pero sin poder hacerlo. Ríe y llora con ellos, con sus historias, como si estuviera viendo la televisión. La evolución del ser humano es un culebrón sin principio ni fin. Se enfadan, discuten, se pelean e incluso se matan. ¿Qué lógica pueden tener esas acciones? Mientras él debe quedarse solo, desde siempre y para siempre, las personas, haciendo uso de sus recursos cognitivos y de sus mejores armas, luchan.

Pero por encima de todo, el Sol se pregunta a sí mismo por qué las personas, con lo chiquititas que son, no ven suficiente eso, disfrutar. Son demasiado complicados, -se dice a sí mismo- no se dan cuenta de lo que tienen hasta que lo pierden. Pero tampoco se dan cuenta de que poco a poco van perdiendo aquello que realmente quieren al intentar conseguir otra cosa que simplemente quieren tener.

El Sol llora, llora por culpa de los humanos. Llora por tanta crueldad y por tanta injusticia. Decide que, de aquí en adelante, mirará hacia otro lado cada vez que la gente grite en silencio, y murmulle en voz alta. Coge a sus fieles Mercurio, Venus, Marte… se levanta, y se va. Sale de la Vía Láctea. Y deja al planeta Tierra en la más profunda de las soledades, a oscuras. Si los seres humanos no son capaces de ver sus propios errores, será mejor que se acostumbren a no ver nada.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Sara

Sara lleva zapatitos de charol color granate, están un poco cascados, ya que por mucho que su madre le pida que se esté quieta, ella la ignora. Corretea por los prados, por las plazas, por los parques, incluso por las tiendas. “Ni que fuera a convertirse en atleta”, piensa su madre. Tiene el pelo cortito y algunos bucles. Sus mejillas son rosadas como las de Heidi, pero ella no tiene a Copito. Su nariz es pequeñita como sus manos, de niña. Sus ojos son color miel, enormes. Es la más bonita de todo el barrio, o al menos, eso le dice su abuelo.

Su madre le riñe cada dos por tres, pero le da igual, porque cada noche la arropa en su cama, le lee el cuento de Los Chivos Chivones y se queda dormidita, mientras le acaricia la cara con suavidad, y después le da un beso en la frente. En esos momentos se acuerda de cuando era un bebé y la acurrucaba mientras le cantaba una preciosa nana, todavía recuerda esa melodía, la tiene clavada en su diminuta mente. Tiene el sueño profundo y se puede escuchar el silbido de su respiración. Se convierte en un angelito.

No suele llorar a menudo, sólo cuando de tanto correr tropieza y cae, y se hace una herida roja-roja, de esas que pican mucho, en la rodilla. Pero no llora porque se haya hecho mucho daño, sino porque, cuando alguien oye un grito se acerca adonde ella y la coge en brazos, ya sea su madre, su padre, sus abuelos… Le gusta sentirse querida. Cuando la herida se seca y se convierte en postilla, se rasca hasta quitársela, pero entonces vuelve a picarle, y es cuando le echan la bronca.

Le gusta colorear y escribir cuentos que más tarde enseña en casa. Todos le dicen que son muy bonitos, y cada día inventa más historietas. Juega con todos los niños y niñas de la escuela, incluso con ésa que siempre tiene un moco seco pegado y cuando se da cuenta se lo come. Ella, la primera vez que la vio hacerlo, la imitó, pero no le gustó mucho el sabor, y ahora le da un poquito de asco, pero no le dice nada.

Otra cosa que le desagrada es la barba de su papi. Cuando le pide que le dé un besito hace como que no le ha oído, pone morritos y, obviamente, al final, acaba dándoselo. Pero se queja, pincha mucho y le jura que nunca más volverá a besarle, aunque ella sabe perfectamente que es mentira y la siguiente vez que le ve se lanza a sus brazos. En el fondo es muy cariñosa.

Cuando le preguntan por su juguete favorito responde que es la muñeca Terese, la niña rosa de las tres mellizas, porque es la más lista, y sabe resolver todo tipo de problemas cuando pregunta la profesora. Ah, y también porque siempre es ella la que descubre qué tienen que hacer sus hermanas. Es igual que ella, que si no dice nada, los demás no saben por dónde seguir. ¡Aaaay! Cuánta paciencia tiene.

Se ríe mucho, con carcajadas contagiosas, además. Puede que sea esa risa infantil la que la hace una niña tan especial. Le gusta tanto observar que se ha convertido en una señorita muy espabilada. Y lo sabe, se quiere a sí misma tanto como quiere a toda su familia y a todos sus amigos. Todos le dicen lo inteligente, guapa y rica que es.

No se preocupa por la ropa, ni por lo que piensen los demás, ni por la edad. Su mayor miedo es que su madre la abandone en mitad del desierto, pero pocas veces sueña con ello. Es pura alegría, una criatura inocente. Es pequeña y puede que ignorante, pero qué más da, es más feliz que todos nosotros juntos.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Olvido

Olvido, recuerdo tan bien el día en que te conocí. Eras tan hermosa y deseable... Guardo en mi mente perfectamente cada detalle del momento. Una imperfecta lucidez de mi presente me permite, de vez en cuando, mantenerte en los dos hemisferios de mi cerebro, aunque hayan pasado meses, años e incluso décadas.
¿Pero dónde estás cuando te necesito? No te siento físicamente, Olvido. Ya no eres mía, no me perteneces y ni siquiera sé si alguna vez lo hiciste. Lo que me importa ahora es que me gustaría poseerte como antaño, como en aquellos tiempos en los que todo era magia, sabiduría y felicidad. No conocíamos el resentimiento, el miedo al futuro o las heridas que partían el corazón en dos.
Sin embargo, todo ha cambiado. Ya no creo en tener el mundo en mis manos, no sin ti. Mientras más te alejas más cosas se me vienen encima, la ilusión se desvanece. Ya no somos uña y carne.
Te busco entre mis sábanas, entre las sábanas de otros y otras, en acciones banales, en palabras que no concuerdan con lo que tengo adentro. No consigo hallarte, y este extremo se me hace eterno. Sonrío sin ganas, hablo cuando más falta me haría callarme. Tiemblo.
Si no vuelves, yo me voy. No consigo seguir adelante, me marcho. Las lunas pasadas se me hacen difusas, las noches en vela son tan amargas...
No es un adiós, sino un hasta luego. Volveremos a encontrarnos, lo sé, Olvido. Seguirás intacta, menuda y valiente, comiéndome la oreja sin que yo te lo pida, pero siempre trayéndome un rayo de esperanza a esta locura exquisita que es la propia vida.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Kalean



Marta deambulaba por las calles en penumbra. No tenía dinero, ni amigos, ni un lugar al que ir. La falta de alimentación era visible en su extrema delgadez. Tenía los pómulos marcados, la clavícula saliente y hacía meses que había perdido la menstruación, ya ni siquiera se acordaba de ella. No pasaba hambre, ya que no podía sentir nada. Su estómago se había acostumbrado a las sobras semanales del súper, su piel ya no notaba el frío del profundo invierno, su espalda se acomodaba perfectamente en el suelo de mármol del cajero. Tenía carencias, miles, mas no añoraba nada, ningún objeto, ni ningún sentimiento. Hacía tiempo que había perdido la esperanza. Ni sentía, ni padecía.

Pedía en las esquinas de las calles abarrotadas de gente, pero rara vez le daban algo más de veinte céntimos. Era el último mono, lo sabía y no le importaba. Ni se sentía inferior, ni peor persona, ni necesitada. Ella, en sus tiempos, tampoco habría ayudado a un indigente. El hedor, la suciedad, la forma de hablar y el vacío de sus ojos apartaban a la gente. La temían. Ella. Sentada en la acera, acurrucada, tapada con mantas agujereadas. Formaba parte de los indeseables.

La primera vez se echó a llorar.
- Mamá, mira esa chica, tiene bichitos a su alrededor como Rex y encima huele peor que el baño después de que papá haya estado dentro treinta minutos.
- Calla hijo, ni la mires.
¿Quién era ese monstruo, y qué había hecho con la antigua Marta? Pero esto sólo se cruzó por su cabeza, como he dicho, unos pocos días.

Las primeras semanas vivir así se le hizo tan duro que probó suerte con la prostitución. Pero eso no es plato de buen gusto, para nadie, ni siquiera para el más pobre. No supo afrontar la situación, el dinero no tenía preferencia respecto a su dignidad.

También se sumergió en el mundo de la droga por unos meses, pero no le iba eso de meterse para proseguir en su día a día. Prefería dar paseos por la playa, por el parque, relacionarse con otros como ella en asociaciones especializadas. Sin embargo, lo más curioso es que nunca hacía amigos. No quería crear lazos con nadie, la gente le había demostrado que cuando más la necesitas es cuando más rápidamente te da la espalda. No se fiaba ni de su sombra. No comentaba los sitios en los que dormía, de dónde sacaba la comida, la ropa, y mucho menos daba pistas sobre los txokos en los que las abuelas más ricas, esas que votaban a la derecha y vestían pieles, pasaban las tardes fardando de historias inventadas.

No había robado nunca, ni pensaba hacerlo. Al menos, podía tener la conciencia tranquila. Era tentador eso de sisar una barra de pan, una pieza de fruta, unas míseras gominolas, pero siempre conseguía salir adelante con las porquerías de la basura, ya no tenía ningún reparo en vaciar los containers.

Marta había sido muy hermosa, mas esos cabellos que antaño eran naranjas con la luz del sol se habían vuelto casi del color de la ceniza, sin brillo; sus ojos que un día fueron azul mar eran hoy de un color difícilmente descriptible. Había malvivido, había sufrido innumerables formas de maltrato. Dolor, angustia, soledad. Ésa era la nueva Marta. Ésa era su rutina, la desolación su presente, su yo más desarraigado, y el conjunto de todo ello, el único futuro que la esperaba, o lo que es peor, que ni siquiera la estaba esperando a ella.














lunes, 14 de noviembre de 2011

Ella

Cada vez que sus labios forman una sonrisa el mundo brilla, se llena de luz, de armonía, los problemas no son más que una leve brisa. Es pequeña y frágil probablemente, por muy fuerte y poderosa que se crea. Aunque tal vez sea mucho más fuerte de lo que nadie pueda llegar jamás a imaginar. De vez en cuando se pierde en el laberinto que forma la vida en su cabeza. Se ahoga entre los gritos del silencio. Se inunda de melancolía y de no saber qué hacer. Se clava a sí misma las palabras de quienes la odian, y con más fuerza todavía cada letra que pronuncian quienes la aman.

Es amable y educada, a veces demasiado, otras veces no lo es nada. Es madura y niña a la vez, cree en las personas y las estudia en su día a día, pero también sueña con un mundo mejor, y por supuesto, se sumerge en él como si no hubiera mañana. Mientras ríe, llora. Cuando calla, le grita al mundo su injusticia. Al mismo tiempo que observa, se ciega de maravillas y de horrores.

Es aguda e ingenua a la vez, cree saber mucho, mas sabe perfectamente que todo lo que cree no la lleva a ningún lado. Es ignorante e inteligente. Posee humildad y modestia, sabe qué
hace mal y no alardea de ello, pero también le puede la soberbia, conoce sus virtudes y las explota al máximo.

Es hermosa y poco agraciada, depende de dónde la mires y los gustos que tengas. Parece muy sensible y afectuosa, besa, abraza y acaricia con pasión; aparenta ser fría y controladora, mira, calcula e intuye con precisión. Se fija en cada detalle y tan pronto lo olvida como lo siente suyo.

Le gusta la cultura y odia la sociedad. Ama a sus seres más cercanos y detesta la forma en la que actúan ante el mundo. Tan pronto dice hola como dice adiós, o al menos hasta
luego.

Imagina que es princesa y plebeya al mismo tiempo, desea la riqueza pero prefiere luchar por el pan de cada día. Suele ser un trozo de pan y también una harpía. Trata de dar de lado al egoísmo, pero no siempre es generosa. Puede que incluso, sin darse cuenta o haciéndolo, llegue a ser bastante hipócrita.

Sí, es incomprensible, tal vez sea eso lo que la haga única, inigualable y quizás, fruto de nuestra ilusión.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Guerra interna

Me levanto y pienso, río y pienso, lloro y pienso, me acuesto y pienso. Mas no existo porque pienso, sino que pienso porque existo. Pensar es una acción humana invisible pero existente. Pensamos con la cabeza, amamos con el corazón. Y cuando esto ocurre al revés, la cagamos. Sin más. La razón y los sentimientos, los hechos, lo que captamos a través de los cinco sentidos (algunos creen poseer seis) se contradicen demasiado a menudo. Y ya ocurría en la Edad Moderna, con empiristas como Hume o Locke y con racionalistas como Descartes.

¿No habéis sentido nunca esa pelea entre el dejarse llevar y planificar cada detalle para no pifiarla, gritar lo que sentís y callarse por miedo, hacer lo que deseáis e impedíroslo? Estoy segura de que así es, no puede pasarme sólo a mí. La experiencia o la razón para conseguir la sabiduría máxima, para inventarnos a nosotros mismos.


A veces no sé qué es lo correcto, lo que debería hacer, si debería seguir mi instinto, dejar de controlarme y hacer lo que quiero, ser libre, tomar mis propias decisiones sin pensar en los demás, tomar las riendas de mi destino. O por otro lado, ser conformista, hacer lo que la gente espera de mí, pensando en el qué dirán, tratar de no herir a nadie, ser una buena persona.

La vida es demasiado breve como para comernos tanto la cabeza, pero también es demasiado intensa y complicada como para no hacerlo. Todas esas locuras que no se quedan más que en nuestro interior, como un deseo, acaban frustrándonos. Pero si las hiciéramos realidad, todo lo que conocemos, nuestro día a día, nuestras costumbres e incluso nuestro criterio se verían afectados. Y por ello es por lo que preferimos quedarnos sentados en el sofá mirando la tele sin ver nada, oyendo a nuestro yo más rebelde y revolucionario pero sin escucharlo.

No nos atrevemos a arriesgarnos por todo lo que podríamos perder, ¿Pero y si por intentar ser buenas personas, por quedarnos de brazos cruzados, perdiésemos todavía más?

Vaya dilema, como cuando en las películas aparecen el demonio y el angelito en cada hombro del protagonista. Y yo, mientras ellos se quedan discutiendo, me decanto por salir a la calle a disfrutar del sol y del viento en la cara. No me importa que se me revuelva el pelo, la belleza está en el interior. Ah, y claro, dejo que ellos tomen la decisión por mí, podré ser buena persona o no serlo, pero lo que tengo claro es que en esta guerra interna la que peor puede salir parada soy yo misma.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Wilco

Guitarras, sombreros, pantalones pitillo, micrófonos, saltos, luces que van y vienen. Y de repente, pum. El estallido. La locura. Parecido al momento anterior a llegar al orgasmo: pese a tener unas terribles ganas de llegar al final, desear que durara para siempre. Algo agridulce. Indescriptible. Emocionante. Ese gran pequeño detalle que te pone los pelos de punta y que trae como consecuencia un escalofrío que va desde la nuca hasta esa parte en la que la espalda pierde su nombre. Pura energía. Una escena que nunca se podrá olvidar y que, lamentablemente, tampoco se repetirá. Esto no es música, esto, queridos amigos... esto es arte.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Narcisismo

Una vez me dijeron que era una artista. Una poeta. Una de esas personas que no se encuentran con facilidad.

- Perdóneme, pero no estoy de acuerdo, – contesté yo – no soy más que el inútil resultado de la frustración. Solo soy una observadora de este mundo. Una inventora de lo que mi propia imaginación me desvela. Eso es todo, soy persona; un ser humano que convierte sus más descabellados secretos en palabras y más tarde en historias. Al fin y al cabo, cada humilde signo, letra o sonido solo necesita algo de sintonía y armonía para convertirse en lo que es, un arte absurdo, platónico, idílico e incomprensible.


Y así, sin más preámbulos, salí de la sala y me dirigí a la nada, cabizbaja como siempre y sumergida en mis pensamientos, silbando la misma canción que silbaba mi padre en sus momentos de nostalgia.

martes, 1 de noviembre de 2011

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Acércate. Despacio y con cuidado, no vayas a estropearlo todo. Sé valiente y déjate llevar. Improvisa cada paso. Tú haces tu camino, sé valiente. Imagina tu paraíso y créalo. Sigue tu instinto. Continúa hacia delante, te vas aproximando. Experimenta el momento como si no fuera a repetirse. Atrévete a vivirlo. Guíate a ti mismo hacia tu propio destino. Huele, toca, saborea, escucha. Abre los ojos y observa. Siéntelo. Siénteme.

lunes, 31 de octubre de 2011

extraño pensamiento

Floto entre el viento y las nubes. Formo parte del aire suave y fresco. Yo. Vuelo por encima de los rascacielos. Las personas son hormigas trabajando por y para su reina. Busco mi destino, mas solamente doy vueltas. Vago como un alma perdida, alejada de su cuerpo. Voy y vengo, pero nunca llego a ningún sitio. Soy una fantasía, un sueño. Soy magia inexistente y magia que pertenece a todas las partes del planeta. Doy vueltas entre la mitología, el esoterismo, la religión y la absurda realidad. Tengo todo tipo de conocimientos y no entiendo ninguno de ellos. Mi subconsciente contesta por mí. Sigo adelante con mis alas invisibles. Yo, diminuta molécula inservible. Yo, amarga pureza del cielo.
Soy todo y no soy nada.

sábado, 29 de octubre de 2011

Su silencio

A él le encanta hablar. De todo y de nada. No importa cuál sea el tema en cuestión que siempre querrá expresar su opinión. Las palabras, a veces, le salen de la boca como sin querer, sin previo aviso, de repente; y es esto por lo que, también a veces, no dice más que tonterías. Cuando se da cuenta de lo que ha dicho, ya es demasiado tarde, e intenta arreglarlo; aunque no siempre funcione. No se rinde, mas sabe perfectamente cuándo debe parar.

No es un experto en lingüística o en filología, nunca ha pretendido serlo. Es lo que es, uno más. Compañero, amigo, hermano, confidente. Ríe, siempre ríe, y pocas veces se enfada. Se toma la vida con humor, pues al fin y al cabo, no es más que un chiste, un juego que alguien o algo superiror a nosotros maneja a su antojo. Y él, por supuesto, lo intuye. Camina despreocupadamente, no le gusta llegar tarde, pero sabe que si lo hace el mundo no se acabará ahí. Tararea canciones en su mente, la mayoría en inglés, aunque probablemente no entienda mucho de lo que éstas dicen. Ahora comprendo por qué las tararea y no las canta.

Es un poco cabezota, no le gusta que lo ayuden a no ser que realmente lo necesite, y por encima de todo, odia pedir ayuda. Podría ser por orgullo, pero más que eso, es por el simple hecho de valerse por sí mismo, de buscarse la vida, de conseguir su objetivo y poder disfrutarlo él solo; como cuando te dan un enorme bollo de crema y no tienes por qué compartirlo.

Para algunos puede que sea un simplón, un tonto, un fanfarrón o incluso un poco estúpido. Nada del otro mundo. Un chico del montón.

Para mí, es mucho más que eso. Aunque no roce la perfección, es mi mundo. Pese a todos los sinsentidos que suelta, pese a todos los errores que comete al hablar, cuando calla el tiempo se para. Su silencio me abruma, me gana. Me doy por vencida y llego a pertencerle. Me mira con sus ojos, fijamente, y una vez más, con sus ojos risueños y firmes, con su media o amplia sonrisa, con su silencio, me dice todas esas cosas que, por mucho que le guste hablar, nunca se atreve a decirme.

domingo, 23 de octubre de 2011


Corría por el Paseo de Francia bajo esa lluvia tan típica de Donostia, el xirimiri. Pretendía llegar a tiempo al Kursaal, y que los semáforos fueran a estar de su lado. El viento le pegaba en la cara y le impedía poder ir más rápido. Los perros, los ancianos, los carritos y los paraguas hacían de obstáculo. El termómetro marcaba 12 grados que parecían 30 por la velocidad. Eran ya las 17 horas. No lo iba a esperar. Corría como si la vida le fuera en ello, ya que no podía perder esta oportunidad.
Llegó al final del Paseo de la Zurriola, a la esquina del Kursaal. De repente, el viento, la lluvia y su corazón se pararon. Allí no había nadie, quizás nunca llegó a asistir a su cita. Nunca llegó a saberlo.
Dio media vuelta, y rehizo su camino en dirección contraria, desde el mar hacia los desnudos y melancólicos árboles. En soledad, en silencio, gris.


sábado, 22 de octubre de 2011

Sueños

En lo más profundo de nuestro ser se esconde algo, algo indescriptible que guarda un tesoro que sólo nos pertenece a nosotros mismos. Nuestros sueños.
Los objetivos que queremos lograr a lo largo de nuestra vida nos acompañan día tras día, haciéndonos luchar, sacándonos una sonrisa de vez en cuando, y por supuesto, también haciéndonos derramar alguna que otra lágrima. No son perfectos, tampoco nosotros lo somos, pero están ahí, para que este transcurrir del tiempo se nos haga más ameno, para darle sentido a nuestros pasos.
¿Pero qué pasaría si viésemos nuestros sueños realizados? ¿Qué lógica tendría entonces seguir adelante si nuestros mayores deseos se hubiesen cumplido?
Vivir con ese orgullo, podríamos pensar, sentirlo en el recuerdo como algo imborrable. Pero ya está, esas ansias, ese esfuerzo y esas ganas, pese a estar realizados, no seguirían junto a nosotros, formarían parte del pasado, ese pasado hermoso y gratificante.
Por todo ello, como leí una vez en un cuento, creo conveniente que los sueños nunca se cumplan, para no llegar a la frustración ni al desamparo; para poder decir "yo tengo un sueño, tengo una razón por la que estoy aquí" y no "yo tuve un sueño, se cumplió, y ya no tengo un papel en este mundo hecho para los más valientes, no para los agraciados".

jueves, 20 de octubre de 2011

Desnudos

La gran mayoría de gente opina que la vestimenta de un ser humano muestra parte de sus creencias, gustos o costumbres. Creen que se puede llegar a conocer la personalidad de una persona gracias a la ropa que lleve.
También hay personas que están en contra del nudismo.
Pero acabo de reflexionar y me he dado cuenta de que tal vez sería mejor que todos fueramos desnudos por la calle, ya que así no nos sentiríamos realmente desnudos ante la mirada de los desconocidos.
Es decir, que mientras más ropa llevemos, más desnudos estamos, ya que, más saben acerca de nosotros esos que realmente no nos conocen. Y en cambio, si estuviésemos desnudos, nos verían, simplemente, como somos en realidad, sin política, ni ideología, ni religión, ni prejuicios. Seríamos transparentes como el agua.
Vamos, que nos verían como lo que somos, animales que caminan erguidos y de vez en cuando tienden a pensar, con un poco de suerte, en que todos somos iguales ante los ojos de la vida, y que además, llegamos a ella y la despedimos desnudos.
Iluntasunean murgildurik,

Argi gutxi, begi urdin.

Patuaren zain

Egongo da

Euripean eserita,

Blai.

Eta pentsatuz,

Eta ahaztuz,

Eta gogoratuz,

Agur.

Isilik

Euripean

Bere gogoetan,

Ni.

Irudipen ,

Iraganeko mamu,

Istorio labur.

Ginen.