domingo, 6 de noviembre de 2011

Wilco

Guitarras, sombreros, pantalones pitillo, micrófonos, saltos, luces que van y vienen. Y de repente, pum. El estallido. La locura. Parecido al momento anterior a llegar al orgasmo: pese a tener unas terribles ganas de llegar al final, desear que durara para siempre. Algo agridulce. Indescriptible. Emocionante. Ese gran pequeño detalle que te pone los pelos de punta y que trae como consecuencia un escalofrío que va desde la nuca hasta esa parte en la que la espalda pierde su nombre. Pura energía. Una escena que nunca se podrá olvidar y que, lamentablemente, tampoco se repetirá. Esto no es música, esto, queridos amigos... esto es arte.

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