Olvido, recuerdo tan bien el día en que te conocí. Eras tan hermosa y deseable... Guardo en mi mente perfectamente cada detalle del momento. Una imperfecta lucidez de mi presente me permite, de vez en cuando, mantenerte en los dos hemisferios de mi cerebro, aunque hayan pasado meses, años e incluso décadas.
¿Pero dónde estás cuando te necesito? No te siento físicamente, Olvido. Ya no eres mía, no me perteneces y ni siquiera sé si alguna vez lo hiciste. Lo que me importa ahora es que me gustaría poseerte como antaño, como en aquellos tiempos en los que todo era magia, sabiduría y felicidad. No conocíamos el resentimiento, el miedo al futuro o las heridas que partían el corazón en dos.
Sin embargo, todo ha cambiado. Ya no creo en tener el mundo en mis manos, no sin ti. Mientras más te alejas más cosas se me vienen encima, la ilusión se desvanece. Ya no somos uña y carne.
Te busco entre mis sábanas, entre las sábanas de otros y otras, en acciones banales, en palabras que no concuerdan con lo que tengo adentro. No consigo hallarte, y este extremo se me hace eterno. Sonrío sin ganas, hablo cuando más falta me haría callarme. Tiemblo.
Si no vuelves, yo me voy. No consigo seguir adelante, me marcho. Las lunas pasadas se me hacen difusas, las noches en vela son tan amargas...
No es un adiós, sino un hasta luego. Volveremos a encontrarnos, lo sé, Olvido. Seguirás intacta, menuda y valiente, comiéndome la oreja sin que yo te lo pida, pero siempre trayéndome un rayo de esperanza a esta locura exquisita que es la propia vida.
¿Pero dónde estás cuando te necesito? No te siento físicamente, Olvido. Ya no eres mía, no me perteneces y ni siquiera sé si alguna vez lo hiciste. Lo que me importa ahora es que me gustaría poseerte como antaño, como en aquellos tiempos en los que todo era magia, sabiduría y felicidad. No conocíamos el resentimiento, el miedo al futuro o las heridas que partían el corazón en dos.
Sin embargo, todo ha cambiado. Ya no creo en tener el mundo en mis manos, no sin ti. Mientras más te alejas más cosas se me vienen encima, la ilusión se desvanece. Ya no somos uña y carne.
Te busco entre mis sábanas, entre las sábanas de otros y otras, en acciones banales, en palabras que no concuerdan con lo que tengo adentro. No consigo hallarte, y este extremo se me hace eterno. Sonrío sin ganas, hablo cuando más falta me haría callarme. Tiemblo.
Si no vuelves, yo me voy. No consigo seguir adelante, me marcho. Las lunas pasadas se me hacen difusas, las noches en vela son tan amargas...
No es un adiós, sino un hasta luego. Volveremos a encontrarnos, lo sé, Olvido. Seguirás intacta, menuda y valiente, comiéndome la oreja sin que yo te lo pida, pero siempre trayéndome un rayo de esperanza a esta locura exquisita que es la propia vida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario