Sara lleva zapatitos de charol color granate, están un poco cascados, ya que por mucho que su madre le pida que se esté quieta, ella la ignora. Corretea por los prados, por las plazas, por los parques, incluso por las tiendas. “Ni que fuera a convertirse en atleta”, piensa su madre. Tiene el pelo cortito y algunos bucles. Sus mejillas son rosadas como las de Heidi, pero ella no tiene a Copito. Su nariz es pequeñita como sus manos, de niña. Sus ojos son color miel, enormes. Es la más bonita de todo el barrio, o al menos, eso le dice su abuelo.
Su madre le riñe cada dos por tres, pero le da igual, porque cada noche la arropa en su cama, le lee el cuento de Los Chivos Chivones y se queda dormidita, mientras le acaricia la cara con suavidad, y después le da un beso en la frente. En esos momentos se acuerda de cuando era un bebé y la acurrucaba mientras le cantaba una preciosa nana, todavía recuerda esa melodía, la tiene clavada en su diminuta mente. Tiene el sueño profundo y se puede escuchar el silbido de su respiración. Se convierte en un angelito.
No suele llorar a menudo, sólo cuando de tanto correr tropieza y cae, y se hace una herida roja-roja, de esas que pican mucho, en la rodilla. Pero no llora porque se haya hecho mucho daño, sino porque, cuando alguien oye un grito se acerca adonde ella y la coge en brazos, ya sea su madre, su padre, sus abuelos… Le gusta sentirse querida. Cuando la herida se seca y se convierte en postilla, se rasca hasta quitársela, pero entonces vuelve a picarle, y es cuando le echan la bronca.
Le gusta colorear y escribir cuentos que más tarde enseña en casa. Todos le dicen que son muy bonitos, y cada día inventa más historietas. Juega con todos los niños y niñas de la escuela, incluso con ésa que siempre tiene un moco seco pegado y cuando se da cuenta se lo come. Ella, la primera vez que la vio hacerlo, la imitó, pero no le gustó mucho el sabor, y ahora le da un poquito de asco, pero no le dice nada.
Otra cosa que le desagrada es la barba de su papi. Cuando le pide que le dé un besito hace como que no le ha oído, pone morritos y, obviamente, al final, acaba dándoselo. Pero se queja, pincha mucho y le jura que nunca más volverá a besarle, aunque ella sabe perfectamente que es mentira y la siguiente vez que le ve se lanza a sus brazos. En el fondo es muy cariñosa.
Cuando le preguntan por su juguete favorito responde que es la muñeca Terese, la niña rosa de las tres mellizas, porque es la más lista, y sabe resolver todo tipo de problemas cuando pregunta la profesora. Ah, y también porque siempre es ella la que descubre qué tienen que hacer sus hermanas. Es igual que ella, que si no dice nada, los demás no saben por dónde seguir. ¡Aaaay! Cuánta paciencia tiene.
Se ríe mucho, con carcajadas contagiosas, además. Puede que sea esa risa infantil la que la hace una niña tan especial. Le gusta tanto observar que se ha convertido en una señorita muy espabilada. Y lo sabe, se quiere a sí misma tanto como quiere a toda su familia y a todos sus amigos. Todos le dicen lo inteligente, guapa y rica que es.
No se preocupa por la ropa, ni por lo que piensen los demás, ni por la edad. Su mayor miedo es que su madre la abandone en mitad del desierto, pero pocas veces sueña con ello. Es pura alegría, una criatura inocente. Es pequeña y puede que ignorante, pero qué más da, es más feliz que todos nosotros juntos.

1 comentario:
Irakurtzeak idazteko gogua eman dit nei ere jajaja oso ondo dagoo :)
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