lunes, 12 de diciembre de 2011

Sara

Sara lleva zapatitos de charol color granate, están un poco cascados, ya que por mucho que su madre le pida que se esté quieta, ella la ignora. Corretea por los prados, por las plazas, por los parques, incluso por las tiendas. “Ni que fuera a convertirse en atleta”, piensa su madre. Tiene el pelo cortito y algunos bucles. Sus mejillas son rosadas como las de Heidi, pero ella no tiene a Copito. Su nariz es pequeñita como sus manos, de niña. Sus ojos son color miel, enormes. Es la más bonita de todo el barrio, o al menos, eso le dice su abuelo.

Su madre le riñe cada dos por tres, pero le da igual, porque cada noche la arropa en su cama, le lee el cuento de Los Chivos Chivones y se queda dormidita, mientras le acaricia la cara con suavidad, y después le da un beso en la frente. En esos momentos se acuerda de cuando era un bebé y la acurrucaba mientras le cantaba una preciosa nana, todavía recuerda esa melodía, la tiene clavada en su diminuta mente. Tiene el sueño profundo y se puede escuchar el silbido de su respiración. Se convierte en un angelito.

No suele llorar a menudo, sólo cuando de tanto correr tropieza y cae, y se hace una herida roja-roja, de esas que pican mucho, en la rodilla. Pero no llora porque se haya hecho mucho daño, sino porque, cuando alguien oye un grito se acerca adonde ella y la coge en brazos, ya sea su madre, su padre, sus abuelos… Le gusta sentirse querida. Cuando la herida se seca y se convierte en postilla, se rasca hasta quitársela, pero entonces vuelve a picarle, y es cuando le echan la bronca.

Le gusta colorear y escribir cuentos que más tarde enseña en casa. Todos le dicen que son muy bonitos, y cada día inventa más historietas. Juega con todos los niños y niñas de la escuela, incluso con ésa que siempre tiene un moco seco pegado y cuando se da cuenta se lo come. Ella, la primera vez que la vio hacerlo, la imitó, pero no le gustó mucho el sabor, y ahora le da un poquito de asco, pero no le dice nada.

Otra cosa que le desagrada es la barba de su papi. Cuando le pide que le dé un besito hace como que no le ha oído, pone morritos y, obviamente, al final, acaba dándoselo. Pero se queja, pincha mucho y le jura que nunca más volverá a besarle, aunque ella sabe perfectamente que es mentira y la siguiente vez que le ve se lanza a sus brazos. En el fondo es muy cariñosa.

Cuando le preguntan por su juguete favorito responde que es la muñeca Terese, la niña rosa de las tres mellizas, porque es la más lista, y sabe resolver todo tipo de problemas cuando pregunta la profesora. Ah, y también porque siempre es ella la que descubre qué tienen que hacer sus hermanas. Es igual que ella, que si no dice nada, los demás no saben por dónde seguir. ¡Aaaay! Cuánta paciencia tiene.

Se ríe mucho, con carcajadas contagiosas, además. Puede que sea esa risa infantil la que la hace una niña tan especial. Le gusta tanto observar que se ha convertido en una señorita muy espabilada. Y lo sabe, se quiere a sí misma tanto como quiere a toda su familia y a todos sus amigos. Todos le dicen lo inteligente, guapa y rica que es.

No se preocupa por la ropa, ni por lo que piensen los demás, ni por la edad. Su mayor miedo es que su madre la abandone en mitad del desierto, pero pocas veces sueña con ello. Es pura alegría, una criatura inocente. Es pequeña y puede que ignorante, pero qué más da, es más feliz que todos nosotros juntos.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Olvido

Olvido, recuerdo tan bien el día en que te conocí. Eras tan hermosa y deseable... Guardo en mi mente perfectamente cada detalle del momento. Una imperfecta lucidez de mi presente me permite, de vez en cuando, mantenerte en los dos hemisferios de mi cerebro, aunque hayan pasado meses, años e incluso décadas.
¿Pero dónde estás cuando te necesito? No te siento físicamente, Olvido. Ya no eres mía, no me perteneces y ni siquiera sé si alguna vez lo hiciste. Lo que me importa ahora es que me gustaría poseerte como antaño, como en aquellos tiempos en los que todo era magia, sabiduría y felicidad. No conocíamos el resentimiento, el miedo al futuro o las heridas que partían el corazón en dos.
Sin embargo, todo ha cambiado. Ya no creo en tener el mundo en mis manos, no sin ti. Mientras más te alejas más cosas se me vienen encima, la ilusión se desvanece. Ya no somos uña y carne.
Te busco entre mis sábanas, entre las sábanas de otros y otras, en acciones banales, en palabras que no concuerdan con lo que tengo adentro. No consigo hallarte, y este extremo se me hace eterno. Sonrío sin ganas, hablo cuando más falta me haría callarme. Tiemblo.
Si no vuelves, yo me voy. No consigo seguir adelante, me marcho. Las lunas pasadas se me hacen difusas, las noches en vela son tan amargas...
No es un adiós, sino un hasta luego. Volveremos a encontrarnos, lo sé, Olvido. Seguirás intacta, menuda y valiente, comiéndome la oreja sin que yo te lo pida, pero siempre trayéndome un rayo de esperanza a esta locura exquisita que es la propia vida.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Kalean



Marta deambulaba por las calles en penumbra. No tenía dinero, ni amigos, ni un lugar al que ir. La falta de alimentación era visible en su extrema delgadez. Tenía los pómulos marcados, la clavícula saliente y hacía meses que había perdido la menstruación, ya ni siquiera se acordaba de ella. No pasaba hambre, ya que no podía sentir nada. Su estómago se había acostumbrado a las sobras semanales del súper, su piel ya no notaba el frío del profundo invierno, su espalda se acomodaba perfectamente en el suelo de mármol del cajero. Tenía carencias, miles, mas no añoraba nada, ningún objeto, ni ningún sentimiento. Hacía tiempo que había perdido la esperanza. Ni sentía, ni padecía.

Pedía en las esquinas de las calles abarrotadas de gente, pero rara vez le daban algo más de veinte céntimos. Era el último mono, lo sabía y no le importaba. Ni se sentía inferior, ni peor persona, ni necesitada. Ella, en sus tiempos, tampoco habría ayudado a un indigente. El hedor, la suciedad, la forma de hablar y el vacío de sus ojos apartaban a la gente. La temían. Ella. Sentada en la acera, acurrucada, tapada con mantas agujereadas. Formaba parte de los indeseables.

La primera vez se echó a llorar.
- Mamá, mira esa chica, tiene bichitos a su alrededor como Rex y encima huele peor que el baño después de que papá haya estado dentro treinta minutos.
- Calla hijo, ni la mires.
¿Quién era ese monstruo, y qué había hecho con la antigua Marta? Pero esto sólo se cruzó por su cabeza, como he dicho, unos pocos días.

Las primeras semanas vivir así se le hizo tan duro que probó suerte con la prostitución. Pero eso no es plato de buen gusto, para nadie, ni siquiera para el más pobre. No supo afrontar la situación, el dinero no tenía preferencia respecto a su dignidad.

También se sumergió en el mundo de la droga por unos meses, pero no le iba eso de meterse para proseguir en su día a día. Prefería dar paseos por la playa, por el parque, relacionarse con otros como ella en asociaciones especializadas. Sin embargo, lo más curioso es que nunca hacía amigos. No quería crear lazos con nadie, la gente le había demostrado que cuando más la necesitas es cuando más rápidamente te da la espalda. No se fiaba ni de su sombra. No comentaba los sitios en los que dormía, de dónde sacaba la comida, la ropa, y mucho menos daba pistas sobre los txokos en los que las abuelas más ricas, esas que votaban a la derecha y vestían pieles, pasaban las tardes fardando de historias inventadas.

No había robado nunca, ni pensaba hacerlo. Al menos, podía tener la conciencia tranquila. Era tentador eso de sisar una barra de pan, una pieza de fruta, unas míseras gominolas, pero siempre conseguía salir adelante con las porquerías de la basura, ya no tenía ningún reparo en vaciar los containers.

Marta había sido muy hermosa, mas esos cabellos que antaño eran naranjas con la luz del sol se habían vuelto casi del color de la ceniza, sin brillo; sus ojos que un día fueron azul mar eran hoy de un color difícilmente descriptible. Había malvivido, había sufrido innumerables formas de maltrato. Dolor, angustia, soledad. Ésa era la nueva Marta. Ésa era su rutina, la desolación su presente, su yo más desarraigado, y el conjunto de todo ello, el único futuro que la esperaba, o lo que es peor, que ni siquiera la estaba esperando a ella.














lunes, 14 de noviembre de 2011

Ella

Cada vez que sus labios forman una sonrisa el mundo brilla, se llena de luz, de armonía, los problemas no son más que una leve brisa. Es pequeña y frágil probablemente, por muy fuerte y poderosa que se crea. Aunque tal vez sea mucho más fuerte de lo que nadie pueda llegar jamás a imaginar. De vez en cuando se pierde en el laberinto que forma la vida en su cabeza. Se ahoga entre los gritos del silencio. Se inunda de melancolía y de no saber qué hacer. Se clava a sí misma las palabras de quienes la odian, y con más fuerza todavía cada letra que pronuncian quienes la aman.

Es amable y educada, a veces demasiado, otras veces no lo es nada. Es madura y niña a la vez, cree en las personas y las estudia en su día a día, pero también sueña con un mundo mejor, y por supuesto, se sumerge en él como si no hubiera mañana. Mientras ríe, llora. Cuando calla, le grita al mundo su injusticia. Al mismo tiempo que observa, se ciega de maravillas y de horrores.

Es aguda e ingenua a la vez, cree saber mucho, mas sabe perfectamente que todo lo que cree no la lleva a ningún lado. Es ignorante e inteligente. Posee humildad y modestia, sabe qué
hace mal y no alardea de ello, pero también le puede la soberbia, conoce sus virtudes y las explota al máximo.

Es hermosa y poco agraciada, depende de dónde la mires y los gustos que tengas. Parece muy sensible y afectuosa, besa, abraza y acaricia con pasión; aparenta ser fría y controladora, mira, calcula e intuye con precisión. Se fija en cada detalle y tan pronto lo olvida como lo siente suyo.

Le gusta la cultura y odia la sociedad. Ama a sus seres más cercanos y detesta la forma en la que actúan ante el mundo. Tan pronto dice hola como dice adiós, o al menos hasta
luego.

Imagina que es princesa y plebeya al mismo tiempo, desea la riqueza pero prefiere luchar por el pan de cada día. Suele ser un trozo de pan y también una harpía. Trata de dar de lado al egoísmo, pero no siempre es generosa. Puede que incluso, sin darse cuenta o haciéndolo, llegue a ser bastante hipócrita.

Sí, es incomprensible, tal vez sea eso lo que la haga única, inigualable y quizás, fruto de nuestra ilusión.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Guerra interna

Me levanto y pienso, río y pienso, lloro y pienso, me acuesto y pienso. Mas no existo porque pienso, sino que pienso porque existo. Pensar es una acción humana invisible pero existente. Pensamos con la cabeza, amamos con el corazón. Y cuando esto ocurre al revés, la cagamos. Sin más. La razón y los sentimientos, los hechos, lo que captamos a través de los cinco sentidos (algunos creen poseer seis) se contradicen demasiado a menudo. Y ya ocurría en la Edad Moderna, con empiristas como Hume o Locke y con racionalistas como Descartes.

¿No habéis sentido nunca esa pelea entre el dejarse llevar y planificar cada detalle para no pifiarla, gritar lo que sentís y callarse por miedo, hacer lo que deseáis e impedíroslo? Estoy segura de que así es, no puede pasarme sólo a mí. La experiencia o la razón para conseguir la sabiduría máxima, para inventarnos a nosotros mismos.


A veces no sé qué es lo correcto, lo que debería hacer, si debería seguir mi instinto, dejar de controlarme y hacer lo que quiero, ser libre, tomar mis propias decisiones sin pensar en los demás, tomar las riendas de mi destino. O por otro lado, ser conformista, hacer lo que la gente espera de mí, pensando en el qué dirán, tratar de no herir a nadie, ser una buena persona.

La vida es demasiado breve como para comernos tanto la cabeza, pero también es demasiado intensa y complicada como para no hacerlo. Todas esas locuras que no se quedan más que en nuestro interior, como un deseo, acaban frustrándonos. Pero si las hiciéramos realidad, todo lo que conocemos, nuestro día a día, nuestras costumbres e incluso nuestro criterio se verían afectados. Y por ello es por lo que preferimos quedarnos sentados en el sofá mirando la tele sin ver nada, oyendo a nuestro yo más rebelde y revolucionario pero sin escucharlo.

No nos atrevemos a arriesgarnos por todo lo que podríamos perder, ¿Pero y si por intentar ser buenas personas, por quedarnos de brazos cruzados, perdiésemos todavía más?

Vaya dilema, como cuando en las películas aparecen el demonio y el angelito en cada hombro del protagonista. Y yo, mientras ellos se quedan discutiendo, me decanto por salir a la calle a disfrutar del sol y del viento en la cara. No me importa que se me revuelva el pelo, la belleza está en el interior. Ah, y claro, dejo que ellos tomen la decisión por mí, podré ser buena persona o no serlo, pero lo que tengo claro es que en esta guerra interna la que peor puede salir parada soy yo misma.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Wilco

Guitarras, sombreros, pantalones pitillo, micrófonos, saltos, luces que van y vienen. Y de repente, pum. El estallido. La locura. Parecido al momento anterior a llegar al orgasmo: pese a tener unas terribles ganas de llegar al final, desear que durara para siempre. Algo agridulce. Indescriptible. Emocionante. Ese gran pequeño detalle que te pone los pelos de punta y que trae como consecuencia un escalofrío que va desde la nuca hasta esa parte en la que la espalda pierde su nombre. Pura energía. Una escena que nunca se podrá olvidar y que, lamentablemente, tampoco se repetirá. Esto no es música, esto, queridos amigos... esto es arte.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Narcisismo

Una vez me dijeron que era una artista. Una poeta. Una de esas personas que no se encuentran con facilidad.

- Perdóneme, pero no estoy de acuerdo, – contesté yo – no soy más que el inútil resultado de la frustración. Solo soy una observadora de este mundo. Una inventora de lo que mi propia imaginación me desvela. Eso es todo, soy persona; un ser humano que convierte sus más descabellados secretos en palabras y más tarde en historias. Al fin y al cabo, cada humilde signo, letra o sonido solo necesita algo de sintonía y armonía para convertirse en lo que es, un arte absurdo, platónico, idílico e incomprensible.


Y así, sin más preámbulos, salí de la sala y me dirigí a la nada, cabizbaja como siempre y sumergida en mis pensamientos, silbando la misma canción que silbaba mi padre en sus momentos de nostalgia.

martes, 1 de noviembre de 2011

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Acércate. Despacio y con cuidado, no vayas a estropearlo todo. Sé valiente y déjate llevar. Improvisa cada paso. Tú haces tu camino, sé valiente. Imagina tu paraíso y créalo. Sigue tu instinto. Continúa hacia delante, te vas aproximando. Experimenta el momento como si no fuera a repetirse. Atrévete a vivirlo. Guíate a ti mismo hacia tu propio destino. Huele, toca, saborea, escucha. Abre los ojos y observa. Siéntelo. Siénteme.

lunes, 31 de octubre de 2011

extraño pensamiento

Floto entre el viento y las nubes. Formo parte del aire suave y fresco. Yo. Vuelo por encima de los rascacielos. Las personas son hormigas trabajando por y para su reina. Busco mi destino, mas solamente doy vueltas. Vago como un alma perdida, alejada de su cuerpo. Voy y vengo, pero nunca llego a ningún sitio. Soy una fantasía, un sueño. Soy magia inexistente y magia que pertenece a todas las partes del planeta. Doy vueltas entre la mitología, el esoterismo, la religión y la absurda realidad. Tengo todo tipo de conocimientos y no entiendo ninguno de ellos. Mi subconsciente contesta por mí. Sigo adelante con mis alas invisibles. Yo, diminuta molécula inservible. Yo, amarga pureza del cielo.
Soy todo y no soy nada.